martes, 16 de agosto de 2011

Introducción.

 Una lluviosa tarde de otoño. Roberto encendió un cigarro y sacó su vieja guitarra de la funda y la conectó al amplificador. Justo cuando empezó a exprimir los primeros acordes sonó el móvil. -Ah, tú otra vez- dijo con una mueca de indiferencia. No contestó, estaba demasiado ocupado en hacer lo que más le gustaba como para perder el tiempo en gilipolleces. Le encantaba, era su mayor pasión. A veces tenía sueños en los que aparecía él tocando encima de un escenario, con miles de personas aclamando su nombre delante suyo. Se quería dedicar a eso, pero siempre que lo decía en público se reían de él, pero no desistía, era su futuro y el de nadie más. Al poco rato volvió a sonar el teléfono, esta vez contestó.
-¿Hola?.
-Hola Roberto, soy Patricia.
-¡Buenas Patri!, ¿qué tal todo?.
-Pues bastante bien, oye, estamos en casa de Raúl, y habíamos pensado en si querías pasarte por aquí a tomar una cerveza o algo...
-Perfecto, la verdad es que no tengo nada que hacer, y tampoco es plan estar aquí todo el día metido en casa- Contestó él.
-Pues venga, te esperamos.
 Colgó. Se puso una camiseta y una chaqueta con capucha y se dispuso a salir a la calle. Cuando estaba cogiendo las llaves para marcharse apareció su madre.
-¿Dónde vas?- Le preguntó.
-A tomar un chisme a casa de Raúl, en cosa de tres horitas estaré de vuelta en casa, no te preocupes mamá.
-Deberías dejar de fumar, hijo.
-Bueno, éste es el último paquete que me fumo, ¿vale?.
-A ver si es verdad, porque los cinco anteriores fueron igual...
-Ja ja ja ja, muy graciosa.
-Anda, no seas bobo y vete, que te están esperando.
-Bueno, no tardaré.
 Salió a la calle. La lluvia era intensa. Le encantaba caminar bajo ella. Aunque su chaqueta tenía capucha no se la puso, disfrutaba notando cómo se le mojaba el pelo y cómo las gotas de lluvia se inmiscuían entre sus cabellos. En cosa de diez minutos llegó a casa de Roberto. Se escuchaban las carcajadas desde la calle, le gustaba, le encantaba ver feliz a su gente. Si lloraban ellos, lloraba él. Si ellos reían, reía él. Llamó al timbre y apareció Juanjo, con su inseparable camiseta de AC/DC. "Menudo guarro", pensó, "A ver si te cambias de camiseta, pedazo de animal".
-¡Estás empapado!- le gritó Juanjo.
-Lógico, el agua moja- contestó.
-Anda, pasa y pilla una toalla, que te va a dar un "zurriburri".
 Entró y vió a Raúl y a Patricia -"Tan guapa como siempre"- dijo en su mente. También estaban allí Jorge, Alberto y Bea. Bea no era tan guapa como Patri, pero tenía un puntillo que no le desagradaba. Nada más secarse la cara y quitarse la chaqueta, ya estaba Raúl abriéndole un botellín de cerveza. Lo cojió y dió un largo trago. Acto seguido, se sentó en un desvencijado sillón que estaba en el desván, el sitio de reunión habitual. En el equipo de música estaba sonando una de sus canciones favoritas, "Gunslinger" de Avenged Sevenfold. -"Esto se llama estar a gusto"- dijo para sí mismo.
-¿Qué te cuentas?- le preguntó Jorge.
-Nada en especial- Dijo Roberto.
-¿Sigues con la idea de seguir dedicándote a la música?
-Por supuesto, quiero largarme de aquí y empezar a buscar cosillas para empezar a tocar donde sea- Les dijo a todos su característico gesto de indiferencia.
(Continuará...)

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